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Mostrando las entradas de julio, 2006

Por un pelín

La pestaña tenía razón. Juan me advirtió que la tenía pegada en mi mejilla izquierda. Inmersa en mi agobio por el calor y el tráfico de Madrid, yo me pasé la mano con la idea de deshacerme de ella. Pero quizás por la naturaleza pegajosa de todo en estas fechas, no se cayó, se quedó en uno de mis dedos. Entonces Juan y yo hicimos (sin siquiera decirlo) eso que estúpidamente habíamos hecho toda la vida, cada vez que una pestaña se queda vagando en el rostro de alguien. Juntamos los pulgares, aplastando la pestaña, y cada uno pidió un deseo a Dios, al destino o a las hadas, sabiendo que todo eso es mentira y que el deseo nunca se cumple, y si se cumple es purita casualidad. Le tocó a él. Juan - le dije-mi deseo era de amor ¿esto significa que no va a cumplirse? No - me dijo - se va a cumplir, pero no ahora. Tendrás que esperar. Yo creía que esperaría unos días, porque eso me había dicho él. Estaba contenta, con una contentura que ya creía extinta. Ahora veo, con la cara llena de lágrimas ...

Ángel de la Guarda*

Ángel de la guarda, dulce compañía, no me desampares ni de noche, ni de día, no me dejes sola, que me perdería. Llévame al 6-B y a la sopa negra, al viento inagotable y las palmeras endebles, a la hamaca en mi cuarto desordenado. Muéstrame un anaranjado de atardecer a las seis, un sol hundiéndose en el lago brillante. Un nacimiento de estrellas y caminos de luna reflejada en el agua. Un relámpago insistente, de nombre Catatumbo. Ayúdame a volver al parque de atracciones que era la litera de madera y a huirle a la correa poco cumplidora. Haz que la brisa de la tarde me traiga desde abajo ese silbido que anuncia la llegada del cariño, el pan dulce, el queso de bolita, los cambures manzanos y la música del cuatro. Despiértame temprano para ir al colegio con peinados de reina hechos por las manos del amor, saltando los peldaños de dos en dos para que no me deje el transporte. Salúdame a las amigas y diles que pronto jugaremos a la liga, al quemao, a los yaquis, al sesesé e intercambiaremos...

Tú, del otro lado

Cuando bebes alcohol, los ojos se te ponen pequeñitos y tristes. Aunque estés muy contento, adquieren un aire de melancolía vieja, guardada en el cajón de todo aquello que añoras y que nunca podrás volver a tener. Desde la pista de coches que te faltó en la niñez, hasta el amor ese lleno de aventuras, que todavía duele un poco porque nunca fue. Diluyes tus cuatro minutos de libertad en una cerveza doble y te fumas las preocupaciones, un cigarro detrás de otro, para dejarlas salir con el humo. Hablas de lo que quieres a la sombra de un bar atestado de gente. Y das malas noticias. Tus manos son suaves porque, como dices, nunca has trabajado al sol. Al igual que tus codos. La gente tiene los codos y las manos parecidos. Suaves o ásperos. Y si les ves los codos sabes algo de su vida. Si son negros, es porque han estado bajo el sol. Si todo es áspero, las caricias te harán pensar en pasados sacrificados. Me gusta tu teoría de los codos. Ya sabemos que me encantan las teorías. Las mías y las...

Preparados

“El amor es que te busquen a la salida, lo demás son tonterías”. Ya conocías la respuesta cuando te pregunté si sabías lo que era el amor. La conocías de esa época en la que habrías hecho cualquier cosa por recuperarla. Viste la película* y fue como una cachetada. De golpe lo entendiste todo. Fuiste a esperarla en la puerta del trabajo. Le dejaste una nota en el parabrisas. Esperaste. Una, dos, tres horas. Llovió y el agua lentamente desvaneció la tinta. Así como se desvaneció tu alma (no tan lentamente) cuando la viste salir con la vista fija en otro que también la esperaba a la salida. Ese que seguramente entendió a tiempo lo que era el amor. No te preocupes. Yo también lo supe tarde. Siempre se sabe tarde. A veces hay remedio. Muchas otras no, y aquí estamos. Bailamos, bebemos una copa tras otra y decimos tonterías. Nos miramos y sabemos que detrás de los ojos hay historias, pero no queremos hablar de eso. Son historias de duelos, de papeles borrados, de portazos y de ausencias pres...