Vía ex tinta
Tus labios en los míos me despertaron por la mañana, cuando aún no había salido el sol. Extrañamente, no me asusté. Sentí cómo tu saliva entraba por mi boca y se colaba en mi garganta suavemente, sin ahogarme, rozando mi lengua. Dejando ese sabor conocido y casi olvidado. Porque tú ya no estás, tú has muerto y no sé cómo es posible que me hayas besado y que te estuvieras escurriendo hacia mi estómago, despertando las mariposas cursis y marchitas que aún quedaban pululando por dentro. Decidí no entenderlo y disfrutar del viaje de tu saliva, que seguía su camino hacia las profundidades del cuerpo. Como un río que se divide en riachuelos, continuaba corriendo, a toda prisa, hacia abajo, hacia el sexo, despertando temblores enterrados. Pero también circulaba hacia las piernas. Y los brazos. Un torrente de saliva, especialmente caudaloso, se dirigió hacia mi brazo derecho y llegó a mi mano provocando un intenso hormigueo, casi insoportable. Y explotó. Tu saliva inquieta den...