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Mostrando las entradas de 2020

No estaba muerto, estaba de parranda

Los cuatro amigos decidieron irse de juerga, en lugar de  quedarse a reposar  en tumbas  oscuras y húmedas  para ser adorados.  Su trabajo estaba hecho , ya habían dejado  gran  legado a la humanidad  y de ello eran testigos todos los museos y bibliotecas del mundo.   En vista de que no todos  pudieron coincidir en vida, Lope, Diego, Pedro y Francisco decidieron hacerlo en muerte.  Madrid nunca duerme y ellos, madrileños por nacimiento o por adopción,  no tenía n ningún interés en el descanso eterno.   Por supuesto, s e llevaron con ellos sus osamentas y sus cabezas. Porque sin huesos es muy difícil escribir y pintar. O bailar,  beber y cantar,  que es lo que se hace en las fiestas.    Aprovechando que e ra  el mes del santo labrador  y que Francisco la conocía  de sobra, consideraron que la Pradera de San Isidro sería  el  sitio ideal  para dar inicio a la celebración,...

Adrenalina Caribe

Por fin salió el sol. Llevan tres días sin poder salir de la cueva por culpa de la tormenta. Están hambrientos. Pedro está muy cansado. Le parece mentira tener que pasar su cumpleaños en este sitio. Son 50 años y pensaba celebrarlos a lo grande en el crucero, bebiendo, bailando, quién sabe si con alguna nueva amiga. Pero aquí está, muerto de hambre y acompañado de un completo desconocido. Miguel, mucho más joven, también siente la falta de comida, pero aún le quedan energías. “Vamos, compañero, hoy tienes que invitarme a una cerveza” dice para animar a Pedro, quien pinta una mueca en un esfuerzo inútil por sonreír. De repente, ven un montoncito de cocos y empiezan a saltar como locos. Quién les iba a decir en su vida anterior, que un día desearían tanto un coco, como no fuera para una piña colada. Esa vida que transcurría inconsciente hace tan solo una semana. Miguel coge la piedra que lleva días afilando y se pone manos a la obra. Pedro se queda mirando al horizonte y recuerda...

La casa de Raimundita

Cuando finalmente sus padres se marcharon al infierno y ella logró salir, el lugar le pareció un museo. Pobre Raimundita, hija de dos hermanos que no pudieron soportar la “casti convivere” y la emparedaron al nacer. Pasó años tratando de comunicarse con el mundo a través de los muros. Susurrando y haciendo parpadear las velas. Hoy el Palacio de Linares de Madrid, su casa, tiene la puerta principal abierta y una especie de paje controlando la entrada a visitantes de extrañas vestimentas. Fuera hay banderas de colores y unas letras doradas ancladas en la verja. Pero Raimundita no sabe leer. #microcuentos

El señor Jorge

En una de las varias vidas que componen mi existencia, me vi un buen día sirviendo mesas. No fue cuando era estudiante para buscarme un dinerito extra. Fue cuando me quedé “sin papeles”. Es curioso como un pedazo de cartón (o la falta de él) puede darte la vuelta como a un calcetín. Cuando en la tele hablaban de “inmigrante irregular” se referían a mí. Por lo tanto, más me valía guardar los títulos en la parte alta del armario, arremangarme y hacer algo para pagar el alquiler. Pero en esa época yo era tan inútil que solo sabía de mi profesión. Era incapaz de abrir una botella de vino o tirar una caña. Por eso mentí para que me dieran un trabajo como camarera. Era un restaurante asiático, propiedad de un chef americano. Él necesitaba un extra que hablara inglés para ayudar al encargado los fines de semana. Y yo me inventé un CV precioso, lleno de experiencia en restauración. El encargado no necesitó más de diez minutos para darse cuenta de mi total desconocimiento del ...

Déjate llevar

Se lanzó a caminar por la calle sin destino. Un calor abrasador en el pecho la empujaba. No era un paseo, no estaba contemplando nada a su paso. Solo quería huir de la estupidez, como quien escapa de una fiesta incómoda. Pero la estupidez no es una fiesta. Embriaga, sí. Y está dentro. Te persigue. Tampoco se puede vomitar la estupidez. Aunque revuelva el estómago, incordiando. Le gritó que se iba. Que estaba harta. Y sus pasos escalera abajo no dieron tiempo ni a un portazo. Sin rumbo. No quería decidir si a la izquierda o a la derecha. Así que caminó recto, todo el tiempo recto. Llegó a la avenida y la cruzó. Llegó al parque y se internó en él. Pasó por delante del estanque, de las rosas, del espectáculo de marionetas. Siguió de largo, no los vio. No sintió el aroma de las castañas asadas. Salió del parque y rodeó la glorieta, pasó delante de la panadería sin mirar. Sin oler los pasteles recién horneados. Los perros se apartaban. Parecían percibir el calor. Los perro...

Personaje secundario

Viajando en el metro, caminando por la calle, comiendo o incluso haciendo el amor, me asalta a menudo la duda de si no seré simplemente el personaje secundario, ese ser paralelo que nació en una de mis erróneas decisiones del pasado. Reciente o lejano. Durante todos estos años he creído que era la protagonista de una existencia, pero resulta que es posible que no. Porque todo es posible. Puede ser, entonces, que la dueña de esta vida esté en su país y haya tenido una carrera exitosa. Ahora es directora de algo, de un periódico, por ejemplo. O de un departamento. O de un museo. Tiene una casa con sus puertas y ventanas, sus cortinas, su garaje, su patio y su jardín. Y su gato. Es escritora, es la actriz principal de una obra de teatro, no solo de la vida.   Está casada desde hace años. Sus hijos son ya unos adultos. Ha lidiado con la depresión posparto, la maternidad, las fiebres, las rebeldías. Con una familia política. O es deportista, atleta de élite. Ha recorrid...

La despedida de la Tía Rosa

A mí siempre me pasan estas cosas. No sé si es la dislexia o simplemente mala suerte. Llevaba años sin pisar Caracas. Y mira que me encanta la ciudad, sobre todo por ese clima perfecto, ni frío ni calor. Pero también por un ambiente cultural que en esa época era muy limitado en Maracaibo. Me gustaba pasear por Sabana Grande, visitar los museos, pasarme por el Ateneo de Caracas. Volver cargada de libros y varios cortometrajes instalados detrás de los ojos.  Pero esta vez iba al velorio de mi tía Rosa, la mujer de mi tío Mingo. No es que tuviera mucha relación con ella, pero fui designada “democráticamente” para representar a la familia. Precisamente por el tema del clima, me puse medias panti. Y una falda ni corta ni larga. Negra, como todo lo demás que llevaba puesto. Llegué a la funeraria literalmente haciéndome pipí. Así que saludé rápidamente a los que estaban de camino al baño, para luego abrazar y saludar y dar los pésames como es debido. Al salir del baño, ocurrió el ...

El espasmo que es Madrid

Madrid con lluvia es como un espasmo Leonardo Reyes Madrid, cuando llueve, es un espasmo. Y lo era, hace veinte años Cuando mis inocentes pies recién llegados Se perdieron por Lavapiés. Era sábado, llovía a mares, No sabía dónde estaba mi casa, No tenía a quién llamar Y fui consciente de que no conocía a nadie, A nadie a menos de 15 mil kilómetros. No sabía dónde estaba mi casa, Esa casa nueva que aún no me reconocía Ni yo asumía sus aromas. La lluvia me mojaba Y el espasmo que era Madrid Se metía en mi estómago Para convertirme en espasmo, Para llorar juntos bajo las gotas Porque daba igual Porque las lágrimas se confundían con la lluvia Y en este continente a nadie le importaba si yo lloraba. Un espasmo para meterme en un portal cualquiera Cuando solo sabía una calle y un número Buenavista, 30, Lavapiés Yo no sabía si seguía en Lavapiés No sabía si daba vueltas sobre el mismo camino Y el espasmo s...