Hacer la visita
Acaban de llamar de casa de Mercedes para avisar que se murió Pancho, a sus 20 años. La pobre no para de llorar, con un llanto de esos sonoros, imparables. A pesar de lo mucho que nos queremos, yo no sé cómo consolarla porque la verdad es que yo odiaba al mardito mono desde el día en que lo conocí. Era la primera vez que iba a visitarla, a conocer a su familia. Vivían en un barrio bueno, de casas antiguas, amplias, con porche de entrada y patios muy verdes. Así que me corté el pelo, me eché colonia de la de ir a fiestas, lustré mis únicos zapatos de salir y me puse mi guayabera blanca nueva para causar buena impresión. Pancho estaba por ahí, con su pelaje marrón oscuro, sus orejas respingonas y unos ojos enormes color miel, atado por la cintura con una correa muy larga. Saltaba de un lado a otro entre los árboles del patio, de mangos y aguacates, cómo si de un niño pequeño se tratara. Tenía una extraña habilidad para no enredarse. No reaccionó de inmediato al verme. S...