La despedida de la Tía Rosa
A mí siempre me pasan estas cosas. No sé si es la dislexia o simplemente mala suerte. Llevaba años sin pisar Caracas. Y mira que me encanta la ciudad, sobre todo por ese clima perfecto, ni frío ni calor. Pero también por un ambiente cultural que en esa época era muy limitado en Maracaibo. Me gustaba pasear por Sabana Grande, visitar los museos, pasarme por el Ateneo de Caracas. Volver cargada de libros y varios cortometrajes instalados detrás de los ojos. Pero esta vez iba al velorio de mi tía Rosa, la mujer de mi tío Mingo. No es que tuviera mucha relación con ella, pero fui designada “democráticamente” para representar a la familia. Precisamente por el tema del clima, me puse medias panti. Y una falda ni corta ni larga. Negra, como todo lo demás que llevaba puesto. Llegué a la funeraria literalmente haciéndome pipí. Así que saludé rápidamente a los que estaban de camino al baño, para luego abrazar y saludar y dar los pésames como es debido. Al salir del baño, ocurrió el ...