El italiano
¿Y a quién se lo voy a dejar? ¿Al italiano? Así decimos en mi casa cada vez que compramos algo y lo estrenamos inmediatamente, de fiebrúos. No somos capaces de esperar, incluso a veces nos llevamos puesto lo que sea que acabamos de adquirir desde la misma tienda. En Machiques, el pueblo de mi padre, había un matrimonio adinerado que vivía cerca de la casa de mi abuela. Siempre compraban cosas finas y ropa de marca, pero el señor lo guardaba todo. Tenía un armario de esos de madera marrón oscura, antiguo, lleno de camisas de lino, pantalones de todos los colores, zapatos de piel y sombreros elegantes. Todo sin estrenar, a la espera de ocasiones especiales. Un buen día, al pobre hombre le dio un infarto y con él se esfumaron las tales ocasiones. En el armario quedó el montón de ropa, con sus etiquetas y sus bolsas de diseño. Otro buen día, la viuda volvió a casarse. Con uno de Milán. A partir de ahí, se vio al italiano en la panadería, en la misa, en la plaza y en la feria del...