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Mostrando las entradas de 2021

Maracaibo en la noche

La felicidad radica en usar zapatos cómodos, según mi madre. Yo pensaba que eran cosas de la edad, pero esa noche lo tuve claro. La ciudad parecía haberse olvidado de sus miserias y se mostraba presumida con las luces de colores adornando las principales avenidas. Santa, trineos y renos, tan lejanos a nuestra caribeña realidad, sonreían a lo largo y ancho de Bella Vista, las Delicias y 5 de julio. Eran cerca de las dos de la madrugada cuando decidí largarme del local. Solo había tomado una cerveza. Un grupo de rock tocaba en directo, alumbrado también por luces de Navidad. El aire acondicionado soplaba agotado, la gente bailaba y sudaba. Yo estaba ahí de pie, saludando con un gesto a los conocidos que pasaban, sola. David no se había fijado en que llevaba vestido nuevo y sus adorados zapatos de tacón. Después de un saludo frío, siguió con sus cosas. Yo ya había perdido mis ganas de perseguirlo y, sin despedirme, salí de ahí y me subí al carro. Me iba a casa sin tristeza. Esa noche me d...

El italiano

¿Y a quién se lo voy a dejar? ¿Al italiano?  Así decimos en mi casa cada vez que compramos algo y lo estrenamos inmediatamente, de fiebrúos. No somos capaces de esperar, incluso a veces nos llevamos puesto lo que sea que acabamos de adquirir desde la misma tienda. En Machiques, el pueblo de mi padre, había un matrimonio adinerado que vivía cerca de la casa de mi abuela. Siempre compraban cosas finas y ropa de marca, pero el señor lo guardaba todo. Tenía un armario de esos de madera marrón oscura, antiguo, lleno de camisas de lino, pantalones de todos los colores, zapatos de piel y sombreros elegantes. Todo sin estrenar, a la espera de ocasiones especiales. Un buen día, al pobre hombre le dio un infarto y con él se esfumaron las tales ocasiones. En el armario quedó el montón de ropa, con sus etiquetas y sus bolsas de diseño. Otro buen día, la viuda volvió a casarse. Con uno de Milán. A partir de ahí, se vio al italiano en la panadería, en la misa, en la plaza y en la feria del...

Blackaman

  Cuenta Mamachela que cuando ella era joven el sol salía a una hora, brillaba por un tiempo determinado, y luego se ocultaba dando paso a la oscuridad, que se llamaba “noche”, y duraba como ocho horas. Los días no se contaban, como ahora, solo por una sucesión de horas, sino que había manera de saberlo sin mirar el reloj. No sé si creerle porque ya la pobre chochea. Mi mamá dice que muchas de las cosas que cuenta son verdad, que ella las vio de pequeña. Pero otras claramente se las inventa. Dice que el gobierno, antes de empezar a racionar la luz del sol, empezó por otras muchas cosas que, por lo visto, antes eran libres y abundantes. Por ejemplo, asegura que siempre había luz eléctrica en las casas y que la gente planificaba lo que iba a hacer cada día. También afirma que la gasolina para los carros se compraba libremente y que era barata. Por eso ella fue capaz de recorrer todo el país, sin que su familia fuera parte del régimen.  Hablando de gasolina, el otro día en la aca...