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Mostrando las entradas de febrero, 2007

Cosas que (lamentablemente) siguen pasando

En todos, desde el portero de un local cualquiera, hasta los representantes de las más altas autoridades, cuando se cumple la fórmula ignorancia+poder, sólo puede haber un resultado, y ese es el abuso. Las víctimas de ese abuso son, irremediablemente, personas que no han hecho nada y que no tienen ni idea de por qué están pagando. Sufren sin saber la razón. Más que por el daño físico del que puedan ser objeto, sufren por la incertidumbre, porque no entienden nada. Todos hemos sentido esto en mayor o menor medida. Todos hemos leído y visto los extremos de esta "fórmula maldita" en las dictaduras (independientemente de su ideología). Hemos visto como un ser humano es capaz de cebarse sobre otro con la mayor de las crueldades. Y esto es algo que me cuesta entender. No puedo. Si alguien me preguntara a qué le tengo más miedo y repulsión en el mundo, yo respondería sin lugar a dudas que a las torturas. Traigo hoy este tema a mi busaca aunque no sea el estilo que he querido imprimi...

MEME-nto

Esta es una tareíta que me dejó Laonza ... consiste en abrir el libro que estoy leyendo, en la página 123, contar 5 líneas y transcribir el siguiente párrafo. Luego se supone que hay que pasarlo a 5 bloggers más, pero esto último no voy a hacerlo. Quien quiera seguir la "cadena" es libre de hacerlo, o en mis comentarios o en su blog, y me lo deja dicho en esta busaca... La novela que tengo ahora entre manos se llama "La batalla del calentamiento" y su autor es el argentino Marcelo Figueras. Ahí voy: "Al más mínimo desacuerdo, pasamos a otro tema y yo busco trabajo en el pueblo" "We have a deal, then" "Hablame más en inglés, que me calienta. ¡Ahora entiendo lo que le pasa a Homero Addams cuando Morticia le habla en francés!" "You naughty, naughty brute..." "¿Puedo tener mi último polvo como desocupado?" "Siempre y cuado me concedas mi primer polvo como explotadora" Pat se le montó encima y lo besó. Hicieron ...

La gota

Con demasiada fuerza para ser tan sólo una gota de agua salada, la lágrima pugnaba por salir a través de mi ojo derecho. Párpados, pestañas y globo ocular, con iris y retina incluidas, no habrían sido capaces de detenerla de no ser por una vulgar pero decidida sorbida de mocos que la nariz no tardó en ceder como única salvación. Caminando desde el metro, el edificio del “Juzgado de Familia” fue apareciendo hasta convertirse en un ser autónomo que saltaba de frente, con su puerta bien abierta, para burlarse en la cara de todo aquel ingenuo que alguna vez creyó en aquello de “hasta que la muerte nos separe”. Ni siquiera una ingenua especial, sino una más del montón. Eso soy. Ni la estrategia del merengue ochentoso a todo volumen por los audífonos me evitó el escalofrío del fracaso, la lágrima que se esfuerza. La lágrima no salió, pero tampoco se dio por vencida. Entró impetuosa al cuerpo, esta vez con sed de venganza porque no había podido liberarse. Los abogados disfrazados de búhos con...