Entradas

Mostrando las entradas de 2011

Un abrazo

Ese abrazo Bisnieto de otros mil Muertos antes de nacer Se queda conmigo Esa mano Tan presentida Sigue atada A todos mis dilemas Ese rostro Tranquilo y presagiado Se metió en mis pupilas Y en los sueños de ayer Esas frases Verdades malditas Resuenan en mi caja Con eco largo y sonoro Ese adiós Con rostro de hasta pronto Se fue contigo Pero quedó tu sombra

Hoy no

Si fuera el instante de montañas rusas, ires y venires cargas extremas sacrificios vagos trabajos forzados te convocaría Si quisiera ver tus oscuridades salvarte, que me salves meterme de nuevo en tus descaminos te escribiría Si me complaciera pulsar tus dilemas sacarte las cuentas restarme contigo hundirme en tus dudas tejer soluciones te llamaría Si hoy contemplara descontar minutos otorgar segundos forjar lágrimas clavarte en mis ojos herir mi garganta descoser mi boca te buscaría Pero justo ahora que el cuerpo es más mío, tallado en caricias lleno de alegrías caliente y confiado si tocas mi puerta no te la abriría

Pinche Pepe

En 1999 sus 26 años de vida llegaron asustados a un salón de clases en un país del primer mundo. Venían llenos de expectativas y de ganas: Europa, la comunicación, la gente de diferentes partes del mundo, más de 600 días por estrenar. Yo, con un año menos, aterrizaba en la misma aula de la Complutense, igual de insegura e ilusionada. Él era (y sigue siendo) muy tímido, callado, observando con esa mirada sabia que yo aún no logro tener. Yo, hablachenta, escandalosa, sin darme cuenta de nada. No nos hicimos amigos desde el primer día, teníamos poco en común para ello. Pero a medida que pasaban las jornadas estudiantiles yo fui capaz de ver lo que se ocultaba detrás de esos ojitos semicerrados, curiosos, buscadores, y él logró saltar por encima de mi superficialidad. Al principio le caí mal “pinche vieja sabionda”, porque critiqué su escrito, que tanto le costó leer en voz alta. Lo que él no entendía era que lo hacía porque me gustaba muchísimo. Hoy ya sabe que es uno de mis escrito...

Lucía

Si antes fui capaz de dar mi corazón completo y en trocitos a quienes me habían querido y a quienes no. A los que venían o se iban amigos pequeños mentores compañeros amores gentes buenas y malas Hoy que has venido con tu enorme luz de cocuyito con esos ojos negros y esas manos Que me miras desde la imagen con tu carita recién llegada asombrada curiosa más hermosa que todo lo que he visto Lo que queda de él de mi corazón con sus remiendos cicatrices abultamientos abollamientos dulzuras y amarguras es todo para ti Lucía

El amigo secreto

Todo empezó con líneas. Ella le entregó las suyas a ese desconocido. Él las tomó con delicadeza, se sumergió en ellas y decidió intercalar las propias en ese entramado desastroso. Literaria, epistolar, de frases instantáneas, la suya era una amistad que bailaba sobre palabras cuidadosamente escogidas o impulsivamente escupidas en todos los matices tonales. Los acentos intensificaban los sonidos, los signos de puntuación les entregaban silencios y sus respectivas imaginaciones se encargaban de los gestos. Sólo tres conversaciones cara a cara, de las que ella recordaba: la publicidad del Aleti, los finales de Vargas Llosa y Pérez Reverte, y su cariño por la gente de ese otro lado del charco que “viven la vida, ríen intensamente, sufren intensamente, aman intensamente y odian a 500 dólares por vida” o menos… Esa amistad era sólo de ellos. Porque en la vida real eran otra cosa. Estaban en el mismo mundo, pero en distintas altutides y latitudes. Él en la cumbre, rodeado del frío...

Justo antes

El tiempo es tan inasible, impalpable y vaporoso que los momentos de felicidad pasan como una ráfaga. Dejan, como mucho, el dibujo de una sonrisa en el rostro, ansiedad porque se hagan eternos e incluso, a veces,  cansancio. Por eso d isfruto tanto del final de nuestros encuentros , la frontera entre tenerte y no tenerte: ese minuto de camino j usto antes de desearnos un buen día; ese lapso de duración indefinida que transcurre al filo de la inconsciencia cuando estamos a punto de quedarnos dormidos y las caricias se hacen leves y lentas porque el cuerpo ya no responde; el instante de silencio al otro lado de la línea telefónica cuando sabemos que no hay nada más qué decir; la postdata de besos antes de  alejarme por unos días. El amor que siento en esos ratos de inminente adiós es tan fuerte, que quisiera seguir despidiéndome de ti  una y otra vez, para sentirlo siempre.  Y, a la vez, desearía no tener que volver a hacerlo.

Vagones

Siete de la mañana. Mañana de café, prisas y tren. Tren madrugador, rítmico, serpenteando sobre mis primeras horas. Horas que transcurrirán sobre moquetas y caras serias ¿Serías tan amable de traerme una sonrisa? sonrisa breve, amplia o carcajada sonora de felicidad. Felicidad para envolverme y pensar una vez más en ti, como cada minuto. Minuto corto pero intenso, en el que la mariposa viaja por mi sangre. Sangre que fluye como un viajero por los rieles de mi cuerpo. Cuerpo que quiere seguir en un sueño. Sueño del que me despierto y mis pensamientos se encadenan, de mañana, a las siete.

EL QUEMAO (textos de Malupe, 2006)

No me eligieron. Este año, otra vez, mi nombre no está en la lista de la Gala gimnástica. Es normal, cuando hago la vuelta rinquin siempre caigo sentada y el plinto es mi peor enemigo. Eso me pasa por gorda y cuatro ojos. Tengo que quitarme los lentes para saltar, por eso nunca calculo bien. De todas formas, en la gala no se salta el plinto ni se hace la vuelta rinquin. Las niñas van todas tan bonitas, con sus faldas de colores y la cara pintada. Usan pompones, bastones, aros o pelotas. Soy muy responsable aunque sea mala en gimnasia. Además, siempre llego temprano. Entro a clases a las ocho, pero estoy ahí antes de las siete porque me vengo con unas que ya están en bachillerato. Tienen suerte las de bachillerato, sólo tienen que cantar el himno los lunes. En cambio nosotras, las de primaria, tenemos que darle, con ese sueño, al himno nacional, al del Zulia y al de la Virgen del Pilar. Es lo peor. Todas en fila mientras la hermana Claudina habla. A menos que te elijan para izar...

Última versión de mí (textos de Malupe, 2006)

Decepcionar a mi padre. Eso fue lo primero que hice en este mundo, un miércoles de 1974, a principios de octubre. Antes sólo se podía saber el sexo de los bebés al nacer, por eso mi papá decidió que su primogénito debía ser varón. No contaba con que su prole heredaría su mismo espíritu rebelde, incluso para venir al mundo. Me iba a llamar Víctor como él, pero ahora lo obligaba a buscar un nombre de niña. Tampoco contaba con que mis rizos negros y mi diminuto tamaño le derretirían el corazón. Ni que una de mis primeras frases fuera “papi lindo”, lo que yo creía que estaba escrito en todos los carteles de la ciudad. Hace treinta años que me pide perdón por no alegrarse tanto de mi nacimiento. Y hace también treinta años que llena mi vida de poesía, canciones, paisajes y sabiduría. Mi madre era la casa. Más que la casa, el hogar de todos, mucho más fuerte que las paredes y el techo, mucho más segura que las puertas y ventanas. Mucho más acogedora que cualquier estancia. Si el amor tuv...

Eterno

Siempre pensó que eso de entrar en páginas de contacto era de friquis. Pero el aburrimiento, la curiosidad o la tentación de estar a solas en el despacho de Carlos un miércoles por la tarde, le hizo meterse en esa web -para qué la deja abierta- pensó. Se aprovechó del pseudónimo ajeno para echar un vistazo a la fauna que pululaba en ese rincón de la red. Algo de razón tenía, las chicas eran un poco raras. Todas posaban en las fotos como si estuvieran en un concurso de belleza. El maquillaje las hacía irreales, geishas virtuales. Era increíble la desesperación que se percibía. Un inventario de mujeres hermosas y horrorosas, incluyendo los matices entre una y otra cosa, de todas las edades y colores, buscando a algún desconocido, igual de desesperado, y cruzando los dedos para encontrar alguno que fuera simplemente normal. Recorrió las fichas con una sonrisa altanera, sobrado, pensando en que tenía material para un mes de burlas a su hermano. Pobre, pensaba, desde que Sonia lo dejó, no s...

¿Estás?

Si supieras la falta que me haces, saldrías de ese lugar en el que decidiste esconderte quién sabe cuándo, y vendrías ahora mismo. Necesito tu vitalidad, tus risas, tu atractivo y sobre todas las cosas, tu seguridad. Te necesito a mi lado más que nunca. No recuerdo cuando fue que te perdí de vista. Te fuiste sin avisar, sin pedir permiso, aunque ahora que lo pienso, me diste un montón de señales que no supe o no quise atender. Porque tú y yo somos lo mismo y jamás te creí capaz de dejarme. Ahora pensaba que en un abrir y cerrar de ojos estarías de nuevo ahí, serías yo, como antes. Pero algo se rompió, se desgastó y queda una pequeña y lejana chispa que sólo alcanza para recordarte y dejar salir media sonrisa de mis labios. Te extraño. Se me agolpan las sensaciones en la boca del estómago y no sé qué hacer con ellas. Es algo muy físico, hasta duele un poco, me impide respirar bien y pensar con claridad. No hay más que eso, no puedo racionalizarlo. ¿Quién soy ahora si no está...