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Más que una ciudad...*

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Más que una ciudad, Madrid es varios pueblos unidos uno a otro como las cuentas de un collar. Cada barrio tiene su historia, sus fiestas, sus marujas, sus bares de esquina y su mercado. Hay gente que nunca sale de su barrio, ni falta que les hace. Más que una ciudad, Madrid es dos ciudades. Una europea, gris, con pretensiones de formal en invierno; y una colorida, despelotada, enloquecida y medio vacía en verano. Más que una ciudad, Madrid son dos eras que conviven y se enfrentan. Madrid señorial de costumbres inamovibles y vermut a media mañana, que asiste a la boda de un príncipe y se conmueve por la muerte de un Papa. Al cruzar la calle, Madrid moderna, de grandes superficies y multinacionales, de ejecutivos y coches del año, cada año. Más que una ciudad, Madrid es alegría y tragedia. Cañas, tapas, marcha, Real Madrid y "Aleti", Sabina, 11M, toros... Más que una ciudad, Madrid es el mundo en pequeño: gatos y extranjeros, solidaridad y xenofobia, iglesia y coca, mierda de ...

Todo lo que se ignora, se desprecia

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Esta frase, de Antonio Machado, pronunciada por un ex-indigente-ahora-blogger me da mucho que pensar. Es aplicable a todo. De la ignorancia nacen los prejuicios y las posiciones extremas. Es simplemente miedo a lo desconocido. Ese miedo que nos hace defendernos, alejarnos, mantenernos y afianzarnos en nuestra ignorancia. Hoy en el evento " Blogs, La Conversación " se habló de muchos temas y cómo son tratados en los blogs: educación, acción social, feminismo, relaciones sociales. Me impactaron sobre todo las experiencias en la acción social con los blogs. Pedro Cluster, autor de INDIGENCIA nos cuenta cómo en su blog trata ayudar a los que, como él en el pasado, viven en la calle. Las cifras que nos proporcionó fueron reveladoras: una buena parte de las personas que duermen en cartones lo hacen porque algo muy fuerte les ha pasado en la vida, más del 16% tienen títulos universitarios, más del 64% tienen estudios secundarios, más del 30% no tienen ninguna adicción, y sobre tod...

El hogar*

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Mi casa no está muy limpia, pero en mi habitación hay una pared azul, con estrellas y una luna que brillan en la oscuridad. Sólo hay tres sillas en el salón, pero hay cojines de colores y tapices güajiros en las paredes. A veces también hay niños preciosos gateando en el suelo y haciendo sus ruiditos. No hay calefacción ni aire acondicionado, pero a la gente le gusta refugiarse en ese salón oscuro, que también tiene una luna y una lámpara de lava roja. Todas las mañanas huele a café con canela. Algunos domingos a perico y arepa. Hay miradas y sonrisas atrapadas en tantas fotografías, flores de colores que giran en los balcones y vainilla en forma de velas. Falta el dinero, la mayoría de las veces, pero sobran (si es que eso puede sobrar)las letras, el cine y la música. En mi casa cada quien opina lo que quiere. No hay censuras, y sí muchos abrazos. Mi casa no es mía, pero su dueño jamás tendrá lo que tengo yo, un hogar. *Gracias, Pili, también haces que así sea.

Por un pelín

La pestaña tenía razón. Juan me advirtió que la tenía pegada en mi mejilla izquierda. Inmersa en mi agobio por el calor y el tráfico de Madrid, yo me pasé la mano con la idea de deshacerme de ella. Pero quizás por la naturaleza pegajosa de todo en estas fechas, no se cayó, se quedó en uno de mis dedos. Entonces Juan y yo hicimos (sin siquiera decirlo) eso que estúpidamente habíamos hecho toda la vida, cada vez que una pestaña se queda vagando en el rostro de alguien. Juntamos los pulgares, aplastando la pestaña, y cada uno pidió un deseo a Dios, al destino o a las hadas, sabiendo que todo eso es mentira y que el deseo nunca se cumple, y si se cumple es purita casualidad. Le tocó a él. Juan - le dije-mi deseo era de amor ¿esto significa que no va a cumplirse? No - me dijo - se va a cumplir, pero no ahora. Tendrás que esperar. Yo creía que esperaría unos días, porque eso me había dicho él. Estaba contenta, con una contentura que ya creía extinta. Ahora veo, con la cara llena de lágrimas ...

MADNESS

Después de ese almuerzo rápido, especialidad de tu recién estrenada soltería, y del café imprescindible para borrar los pensamientos que te impiden dormir antes de las dos de la mañana, saliste a trabajar. Como cada día y cada tarde, recorriste Conde Duque por el lado donde pega el sol en invierno. Una vez más, atravesaste la calle por donde no hay paso de cebra y te metiste en Santa Cruz de Marcenado, para cortar camino. Luego por la izquierda, en Acuerdo, llegaste a Alberto Aguilera. Llevabas prisa, como siempre. Pensabas en la manía de los españoles de parar el mundo entre dos y cinco de la tarde. Pensabas en lo caras que te habían costado las mandarinas, la próxima vez las comprarías en el otro puesto. . También pensabas en él, aunque no quieras reconocerlo… mientras mirabas al frente, por si pasaba el 21 y tenías que salir corriendo. Un chico te preguntó cómo llegar a la Plaza Colón. Te encanta guiar a la gente. Te encanta demostrarte que conoces la ciudad. “Sigue recto, todo el t...