Hace justamente la mitad de mi vida, escribía en un diario. Desbarataba los hechos de cada día en mi propia versión de lo que había pasado. Como aquella vez que tenía tanta rabia, cuando llamaron a mi “representante” al colegio. Lo normal es que fuera mi mamá, porque papi nunca tenía tiempo. Ella era genial, escuchaba lo que las monjas tenían que decir, les daba la razón y luego, a solas, me demostraba que estaba de mi lado. A lo mejor lo que había hecho no le parecía bien, pero se reía conmigo o esperaba a escuchar mi parte de la historia. Pero esta vez vino mi papá. Y no sólo les dio la razón, sino que me regañó en frente del “enemigo”. No me molestó el castigo, ni el regaño, ni la humillación. Me dolió profundamente que él se fuera con el otro bando, con el peor, con el que se empeñaba en hacerme la vida imposible, en no dejarme ser como yo era. ------- Quince años más tarde, cada mañana, derramo mi versión de los hechos, mucho más intrincada, sobre ti. No eres como el papel, pero l...