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El amigo secreto

Todo empezó con líneas. Ella le entregó las suyas a ese desconocido. Él las tomó con delicadeza, se sumergió en ellas y decidió intercalar las propias en ese entramado desastroso. Literaria, epistolar, de frases instantáneas, la suya era una amistad que bailaba sobre palabras cuidadosamente escogidas o impulsivamente escupidas en todos los matices tonales. Los acentos intensificaban los sonidos, los signos de puntuación les entregaban silencios y sus respectivas imaginaciones se encargaban de los gestos. Sólo tres conversaciones cara a cara, de las que ella recordaba: la publicidad del Aleti, los finales de Vargas Llosa y Pérez Reverte, y su cariño por la gente de ese otro lado del charco que “viven la vida, ríen intensamente, sufren intensamente, aman intensamente y odian a 500 dólares por vida” o menos… Esa amistad era sólo de ellos. Porque en la vida real eran otra cosa. Estaban en el mismo mundo, pero en distintas altutides y latitudes. Él en la cumbre, rodeado del frío...

Palabras desechables

Miles de palabras con sus cientos de miles de letras y sus acentitos bien puestos, tiradas sobre papeles, teclados, lanzadas impunemente al viento para perderse. Para siempre. Se gastaron y no volverán. Queda un silencio práctico, útil, tan impropio de mí y tan necesario. Me queda eso para ofrecerte. Quizás el mejor de mis regalos. Si un día, un año de estos, te encuentras alguna de esas palabras o un grupo de ellas jugando, saltando sobre un parentesis a manera de comba, detente un momento y escúchalas. Al menos me quedará el consuelo de saber que no nacieron sólo para morir.

Coleccionista

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Cocuyo, lucero, sortilegio, aquelarre... Soy una coleccionista de palabras. Me gusta guardar mis favoritas en mi cabeza, hacer listas con ellas, pronunciarlas para ver como suenan. A veces las pronuncio como los españoles o con acento gringo a ver qué tal. Las palabras me curan y con ellas a veces me siento capaz de curar a otros. Me ayudan a estar viva. Muchas veces me las invento y salen cosas muy diertidas. Las escucho por ahí. Remendar, comensal, tridente, aperitivo... A veces también las odio. Las palabras son capaces de destruir tanto como de construir. Las palabras hieren y en ocasiones es mejor guardarlas. Una imágen vale más que mil palabras, pero yo sin las palabras sería incapaz de vivir. Hoy quiero reivindicarlas, sacarlas a pasear. Guardafango, sahumerio, esperpento, tarantín, hechizo, miércoles, anaranjado, celestial...