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Vagones

Siete de la mañana. Mañana de café, prisas y tren. Tren madrugador, rítmico, serpenteando sobre mis primeras horas. Horas que transcurrirán sobre moquetas y caras serias ¿Serías tan amable de traerme una sonrisa? sonrisa breve, amplia o carcajada sonora de felicidad. Felicidad para envolverme y pensar una vez más en ti, como cada minuto. Minuto corto pero intenso, en el que la mariposa viaja por mi sangre. Sangre que fluye como un viajero por los rieles de mi cuerpo. Cuerpo que quiere seguir en un sueño. Sueño del que me despierto y mis pensamientos se encadenan, de mañana, a las siete.

Ramón y sus tres propiedades

Me llamo Ramón. Tengo 43 años, un trabajo de oficina y un hijo. No apunto más cosas porque no tengo nada más. Con respecto a mi edad, que es lo más seguro de mis tres propiedades, diría que comienza a incomodarme. Nunca tuve crisis de los 30, ni de los 40. Pero ahora que lo pienso, es una edad avanzada para comenzar algo y corta para jubilarme o cerrar ciclos. Dudo de que llegue a los 86 años, con lo cual, ya he pasado la mitad de mi vida. Mi trabajo es mi segunda “propiedad”, que no lo es tanto, porque me lo quitarán cuando quieran. Aunque sí lo es un poco porque ya son muchos años en el mismo lugar, haciendo lo mismo. Soy director comercial y no niego es que se me da muy bien. Me gusta eso de convencer a la gente para que compre cosas en las que nunca había pensado. Lo mejor es persuadirlos de que necesitan algo, crearles una necesidad. Al final se creen que están comprando algo sin lo cual no podrían vivir. También me gusta contratar gente. Tengo un olfato infalible par...

Monólogo mental de una mañana cualquiera

El putodespertadordemierda. Tengo sueño. Si explotara algo y pudiera seguir durmiendo. Nunca más me acuesto tan tarde. Quiero café. Tengo que bañarme y lavarme el pelo. El CD, que no se me quede el CD. En Venezuela se dice CIDI, pero aquí CEDE. Por qué no dirán disco compacto, eso sí es español. Me meto a la ducha mientras se hace el café. No, mejor lo hago después. Se hace rápido. Se quema. Mierda, un grano. Papi y mami deben estar durmiendo. Yo quiero amor y depertarme con besos. De hoy no pasa que le ponga otra melodía al móvil. Odio la alarma. Tengo sueño. Estoy gorda. El día no me va a alcanzar. Tengo que terminar el guión. El 3 tengo cita con Arancha. Jodida semana santa. Seguro que al final no hago nada. Dos guiones más, 8 Cedes por mirar. Quiero ir a Maracaibo. Uf, que frío. Por qué soñé eso. Qué será de la vida de la negra, seguro que ya fue a Islandia. La aurora boreal. ¿Y si me voy a Londres? hoy me inscribo en el gym. No tengo plata. Voy a mandar todo a la mierda. Mierda!!...

Paco tiene nueva vida

Finalmente, la suerte le ha sonreido a Paco. Su vida ha dado un vuelco completo. No es que antes tuviera una mala vida. Antes lo que estaba era cansado. Muy cansado de ese trabajo fácil, mecánico, aburrido. Era vendedor en una tienda pequeñita. Se llevaba genial con los clientes, casi todos fijos. No le pagaban mal y le quedaba mucho tiempo libre. Pero él quería más, sabía que éra capaz de estar en un lugar donde su cerebro no fuera un trapo más colgado de una percha. Su vida personal tampoco era para tirar cohetes. Salía de vez en cuando por ahí, se tomaba un trago y miraba a la gente. Escogía. No le resultaba nada difícil ligarse a alguna para pasar la noche, pero nunca encontraba a aquella que volara. Se sentía sólo. Ahora todo es diferente. Como si de frotar una lámpara mágica se hubiese tratado, Francisco López cumplió sus deseos. Al mismo tiempo. Le ofrecieron un puesto de gerente en uno de los mejores restaurantes de la ciudad. Relacionarse con los proveedores, tener personal a...

Cosas que (lamentablemente) siguen pasando

En todos, desde el portero de un local cualquiera, hasta los representantes de las más altas autoridades, cuando se cumple la fórmula ignorancia+poder, sólo puede haber un resultado, y ese es el abuso. Las víctimas de ese abuso son, irremediablemente, personas que no han hecho nada y que no tienen ni idea de por qué están pagando. Sufren sin saber la razón. Más que por el daño físico del que puedan ser objeto, sufren por la incertidumbre, porque no entienden nada. Todos hemos sentido esto en mayor o menor medida. Todos hemos leído y visto los extremos de esta "fórmula maldita" en las dictaduras (independientemente de su ideología). Hemos visto como un ser humano es capaz de cebarse sobre otro con la mayor de las crueldades. Y esto es algo que me cuesta entender. No puedo. Si alguien me preguntara a qué le tengo más miedo y repulsión en el mundo, yo respondería sin lugar a dudas que a las torturas. Traigo hoy este tema a mi busaca aunque no sea el estilo que he querido imprimi...

La gota

Con demasiada fuerza para ser tan sólo una gota de agua salada, la lágrima pugnaba por salir a través de mi ojo derecho. Párpados, pestañas y globo ocular, con iris y retina incluidas, no habrían sido capaces de detenerla de no ser por una vulgar pero decidida sorbida de mocos que la nariz no tardó en ceder como única salvación. Caminando desde el metro, el edificio del “Juzgado de Familia” fue apareciendo hasta convertirse en un ser autónomo que saltaba de frente, con su puerta bien abierta, para burlarse en la cara de todo aquel ingenuo que alguna vez creyó en aquello de “hasta que la muerte nos separe”. Ni siquiera una ingenua especial, sino una más del montón. Eso soy. Ni la estrategia del merengue ochentoso a todo volumen por los audífonos me evitó el escalofrío del fracaso, la lágrima que se esfuerza. La lágrima no salió, pero tampoco se dio por vencida. Entró impetuosa al cuerpo, esta vez con sed de venganza porque no había podido liberarse. Los abogados disfrazados de búhos con...

As long as it lasts

Mi intención de contenerme fue inútil. Desobedientes, los dedos de mi mano derecha se hundieron en tu pelo, mientras el señor que toca el tambor en mi pecho* aceleraba el ritmo hasta niveles casi mortales. La suavidad de tu alma comenzó a derramarse hacia fuera, hacia tu piel. El cielo quiso formar parte y las estrellas miraron hacia abajo. Una de ellas, junto a la luna, se estampó en mi ombligo. Tú tocaste a los astros y decidiste quedarte, magnetizado. Mientras, los constantes azotes de ese mar llamado miedo intentaban hacerme retomar la tristeza del control, la muerte de la vida sin vida. Aguanto. Aún con el riesgo de un enésimo naufragio. Mis dedos vuelven a hundirse, y deciden quedarse. *Orig. de la hirma

El final

Partir c’est mourir un peu. Mourir c’est partir un peu trop Llevaba un año leyéndolo. Todo. Sus libros, sus guiones, sus artículos y su blog. No lo que escribían sobre él. Le tenían sin cuidado los críticos. Sólo lo que él decía, incluso de su vida personal. Nunca dejó un comentario, no creía estar a la altura. Mientras ella se hundía cada día en la silla de su escritorio, rodeada de dos ventanales, dos paredes blancas y mucha soledad, él hacía viajes por el mundo. Tailandia, Londres, México, Paris. Ella atendía el teléfono a clientes groseros que se quejaban siempre por alguna cosa en la que ella no tenía nada que ver. Él era muy importante en su vida. Tomaba en cuenta todas sus opiniones. Lo seguía y lo respetaba. En cierta forma, lo amaba. Y se dejaba llevar por él. Iba a ver las películas que él recomendaba, compraba la música que él admiraba. Y si hablaba de algún lugar en su ciudad, iba a visitarlo, con la ilusión de que él estuvo allí y algo de su presencia queda siempre en las ...

Victoreto

Imagen
“Tu hijo va a ser el orgullo de la familia. Él y su guitarra van a recorrer el mundo”. Eso le dijo una bruja a mí mamá hace un montón de años. Ella veía el futuro de la gente a través de la cédula. La ponía detrás de una lupa de esas de hacer limpieza de cutis y soltaba su perorata de augurios, buenos y malos. Recuerdo que cuando tú eras un peloncito de pocos meses y yo tenía tres años (juro que lo recuerdo) iba por ahí diciéndoles a todos mis amiguitos que tú eras el bebé más bello del mundo. Y lo eras. Después pasaste a ser ese personaje molesto a más no poder que se llama hermano menor, pero qué remedio, ahí estabas. Fiebrúo, totalmente fiebrúo. Primero, los muñequitos de la Guerra de las galaxias, después los de he-man (hasta que te robaron una bolsa llena por dejarlos en la escalera del edificio), luego los peces (tuviste dos peceras), mas tarde el heavy metal (grrrrrrr) y finalmente, definitivamente y afortunadamente, la guitarra. También te dio por jugar fútbol, béisbol, hacer k...

Sofía

El padre Jacobo dice que no, pero yo estoy seguro de que he estado en más bodas que él. Dice que ese es su trabajo, que es cura y por eso me gana. Cosa que no es cierta, yo también trabajo en bodas, y no sólo en las católicas. He cantado en matrimonios evangélicos, protestantes, mormones, judíos y últimamente me estoy llenando con los gays. La gente dice que tengo buena voz, y es verdad. Aún así, más que por la voz, los anfitriones me contratan porque tengo chispa. Si, chispa. Siempre se me ocurre algo qué decir en el momento preciso y todos se ríen. Además, aguanto muy bien a la gente que le entra la vena artística después de tomarse dos cervezas. Yo toco la guitarra y ellos se desgañitan, ahí aprovecho para pensar en mis cosas y me pongo la máscara de la sonrisa. A Sofía la conocí en una de esas bodas. Como siempre, los amigos de unos amigos habían decidido ser originales y casarse en la playa. Ella con flores en la cabeza, él con camisa blanca de algodón. Querían que les cantara una...

El Fotingo (I)

Me llamaban Fotingo, aunque el nombre me lo dieron a los 19 años. Nací en 1928, en Detroit, Michigan. Fue un parto múltiple, al lado había muchos como yo. Estaba recién nacido cuando un hombre de mi país, Estados Unidos, me llevó a un país del Caribe, Venezuela. A mí me habría gustado conocer al menos las carreteras de mi lugar de nacimiento. Y no es que no me gustara vivir ahí, en América del Sur, pero hacía demasiado calor y mi radiador tenía que hacer maravillas para sobrevivir mientras llevábamos a la gente de Maracaibo a Machiques, en una época en la que era muy difícil llegar aunque los dos lugares estuviesen en el mismo estado, Zulia. Con toda esa actividad me fui deteriorando poco a poco y decidieron venderme al propietario de una hacienda. Me humilló el poco dinero que pidieron por mí, juro que mi motor estaba en perfectas condiciones. Pronto descubrí las intenciones de mi nuevo dueño, un hacendado muy trabajador y con un fuerte carácter, de apellido Romero. Me desarmó. cada p...

Por un pelín

La pestaña tenía razón. Juan me advirtió que la tenía pegada en mi mejilla izquierda. Inmersa en mi agobio por el calor y el tráfico de Madrid, yo me pasé la mano con la idea de deshacerme de ella. Pero quizás por la naturaleza pegajosa de todo en estas fechas, no se cayó, se quedó en uno de mis dedos. Entonces Juan y yo hicimos (sin siquiera decirlo) eso que estúpidamente habíamos hecho toda la vida, cada vez que una pestaña se queda vagando en el rostro de alguien. Juntamos los pulgares, aplastando la pestaña, y cada uno pidió un deseo a Dios, al destino o a las hadas, sabiendo que todo eso es mentira y que el deseo nunca se cumple, y si se cumple es purita casualidad. Le tocó a él. Juan - le dije-mi deseo era de amor ¿esto significa que no va a cumplirse? No - me dijo - se va a cumplir, pero no ahora. Tendrás que esperar. Yo creía que esperaría unos días, porque eso me había dicho él. Estaba contenta, con una contentura que ya creía extinta. Ahora veo, con la cara llena de lágrimas ...

Preparados

“El amor es que te busquen a la salida, lo demás son tonterías”. Ya conocías la respuesta cuando te pregunté si sabías lo que era el amor. La conocías de esa época en la que habrías hecho cualquier cosa por recuperarla. Viste la película* y fue como una cachetada. De golpe lo entendiste todo. Fuiste a esperarla en la puerta del trabajo. Le dejaste una nota en el parabrisas. Esperaste. Una, dos, tres horas. Llovió y el agua lentamente desvaneció la tinta. Así como se desvaneció tu alma (no tan lentamente) cuando la viste salir con la vista fija en otro que también la esperaba a la salida. Ese que seguramente entendió a tiempo lo que era el amor. No te preocupes. Yo también lo supe tarde. Siempre se sabe tarde. A veces hay remedio. Muchas otras no, y aquí estamos. Bailamos, bebemos una copa tras otra y decimos tonterías. Nos miramos y sabemos que detrás de los ojos hay historias, pero no queremos hablar de eso. Son historias de duelos, de papeles borrados, de portazos y de ausencias pres...

MADNESS

Después de ese almuerzo rápido, especialidad de tu recién estrenada soltería, y del café imprescindible para borrar los pensamientos que te impiden dormir antes de las dos de la mañana, saliste a trabajar. Como cada día y cada tarde, recorriste Conde Duque por el lado donde pega el sol en invierno. Una vez más, atravesaste la calle por donde no hay paso de cebra y te metiste en Santa Cruz de Marcenado, para cortar camino. Luego por la izquierda, en Acuerdo, llegaste a Alberto Aguilera. Llevabas prisa, como siempre. Pensabas en la manía de los españoles de parar el mundo entre dos y cinco de la tarde. Pensabas en lo caras que te habían costado las mandarinas, la próxima vez las comprarías en el otro puesto. . También pensabas en él, aunque no quieras reconocerlo… mientras mirabas al frente, por si pasaba el 21 y tenías que salir corriendo. Un chico te preguntó cómo llegar a la Plaza Colón. Te encanta guiar a la gente. Te encanta demostrarte que conoces la ciudad. “Sigue recto, todo el t...