Eterno
Siempre pensó que eso de entrar en páginas de contacto era de friquis. Pero el aburrimiento, la curiosidad o la tentación de estar a solas en el despacho de Carlos un miércoles por la tarde, le hizo meterse en esa web -para qué la deja abierta- pensó. Se aprovechó del pseudónimo ajeno para echar un vistazo a la fauna que pululaba en ese rincón de la red. Algo de razón tenía, las chicas eran un poco raras. Todas posaban en las fotos como si estuvieran en un concurso de belleza. El maquillaje las hacía irreales, geishas virtuales. Era increíble la desesperación que se percibía. Un inventario de mujeres hermosas y horrorosas, incluyendo los matices entre una y otra cosa, de todas las edades y colores, buscando a algún desconocido, igual de desesperado, y cruzando los dedos para encontrar alguno que fuera simplemente normal. Recorrió las fichas con una sonrisa altanera, sobrado, pensando en que tenía material para un mes de burlas a su hermano. Pobre, pensaba, desde que Sonia lo dejó, no s...