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Sofía

El padre Jacobo dice que no, pero yo estoy seguro de que he estado en más bodas que él. Dice que ese es su trabajo, que es cura y por eso me gana. Cosa que no es cierta, yo también trabajo en bodas, y no sólo en las católicas. He cantado en matrimonios evangélicos, protestantes, mormones, judíos y últimamente me estoy llenando con los gays. La gente dice que tengo buena voz, y es verdad. Aún así, más que por la voz, los anfitriones me contratan porque tengo chispa. Si, chispa. Siempre se me ocurre algo qué decir en el momento preciso y todos se ríen. Además, aguanto muy bien a la gente que le entra la vena artística después de tomarse dos cervezas. Yo toco la guitarra y ellos se desgañitan, ahí aprovecho para pensar en mis cosas y me pongo la máscara de la sonrisa. A Sofía la conocí en una de esas bodas. Como siempre, los amigos de unos amigos habían decidido ser originales y casarse en la playa. Ella con flores en la cabeza, él con camisa blanca de algodón. Querían que les cantara una...

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Quédate a vivir en mi cuello, que es olor a café recién colao cuando tú llegas y estación de trenes desierta cuando te vas... Instálate en mis oídos, que son feria y multitud con tus palabras, y sala de espera de hospital con tu silencio... Duérmete en mi pecho, que es mar azul y libre cuando reposas, y tierra árida sin tu peso... Proyéctate en mis ojos, que son lago cristalino cuando los miras, y espejo roto sin tu imagen... Adhiérete a mis labios, que son suaves e intensos cuando te sienten, y flor marchita si no presienten tu lengua... Entra por siempre en mi cuerpo, que es hogar, fuego, azul y luna contigo dentro...y un amasijo de piel y huesos cuando no estás...