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El piso 9

Cuando nos mudamos del piso 6 al piso 9, mi padre decidió comprar una máquina de esas automáticas de lavar platos. Esta casa era más grande, mi hermano y yo podríamos dormir en cuartos separados. Lo malo es que mi madre tendría más trabajo a la hora de limpiar. El nuevo aparato le haría la vida un poco más fácil. Las camas, la mesa del comedor con sus sillas, el sofá, las cajas de libros y las maletas de ropa los fuimos subiendo entre nosotros y unos cuantos amigos por los tres tramos de escaleras. Pero el lavaplatos automático era nuevo. Lo llevaron directamente unos señores al piso nuevo y lo instalaron en la cocina, justo debajo del fregadero normal. Y ahí quedó, de marca Electrolux, blanquísimo y reluciente. Nadie sabía cómo funcionaba, por lo que nos dedicarnos primero a acomodar todo en nuestro nuevo hogar y, mientras, mi madre siguió fregando a mano. Cuando ya estuvimos instalados, nos dimos cuenta de que había que leerse el manual y comprar unas pastillas de jabón...

Así

como una siesta corta, calurosa de sueños entrecortados sin profundidad como un paréntesis rápido, accesorio apéndice de una frase prescindible como un estornudo imprevisto, molesto polvo en una mucosa olvidable como un chiste repetido, explicado de risa automática triste

Un corto para siempre

Seguro es lo inseguro Constante el cambio Estable el movimiento Sólido lo maleable Intangible lo palpable Firme lo vulnerable Incuestionables las dudas Sutil la torpeza Volátil lo arraigado Eternos los finales

Tiempos

Los siempres que, suicidas, se lanzan al vacío desde tu boca no saben que no son siempres que van a morir recién nacidos . Tan cortos como esos nuncas convertidos en a veces en quizases o talveces radicales altibajos Ese tiempo inmedible que te arroja a distancias igual de inclaculables me rellena de vacíos E n un mañana de estos yo tendré monosílabos y consejos de autoayuda en respuesta a tus ahoras Tendré rosarios de miedos, y  paciencias al mayor para tus lágrimas y me quedaré esperando Llegará e l hoy repentino en el que seré yo  de nuevo y tu volverás a ser tú y esos dos se enc o ntr ará n sin reconocerse

Un abrazo

Ese abrazo Bisnieto de otros mil Muertos antes de nacer Se queda conmigo Esa mano Tan presentida Sigue atada A todos mis dilemas Ese rostro Tranquilo y presagiado Se metió en mis pupilas Y en los sueños de ayer Esas frases Verdades malditas Resuenan en mi caja Con eco largo y sonoro Ese adiós Con rostro de hasta pronto Se fue contigo Pero quedó tu sombra

Hoy no

Si fuera el instante de montañas rusas, ires y venires cargas extremas sacrificios vagos trabajos forzados te convocaría Si quisiera ver tus oscuridades salvarte, que me salves meterme de nuevo en tus descaminos te escribiría Si me complaciera pulsar tus dilemas sacarte las cuentas restarme contigo hundirme en tus dudas tejer soluciones te llamaría Si hoy contemplara descontar minutos otorgar segundos forjar lágrimas clavarte en mis ojos herir mi garganta descoser mi boca te buscaría Pero justo ahora que el cuerpo es más mío, tallado en caricias lleno de alegrías caliente y confiado si tocas mi puerta no te la abriría

Pinche Pepe

En 1999 sus 26 años de vida llegaron asustados a un salón de clases en un país del primer mundo. Venían llenos de expectativas y de ganas: Europa, la comunicación, la gente de diferentes partes del mundo, más de 600 días por estrenar. Yo, con un año menos, aterrizaba en la misma aula de la Complutense, igual de insegura e ilusionada. Él era (y sigue siendo) muy tímido, callado, observando con esa mirada sabia que yo aún no logro tener. Yo, hablachenta, escandalosa, sin darme cuenta de nada. No nos hicimos amigos desde el primer día, teníamos poco en común para ello. Pero a medida que pasaban las jornadas estudiantiles yo fui capaz de ver lo que se ocultaba detrás de esos ojitos semicerrados, curiosos, buscadores, y él logró saltar por encima de mi superficialidad. Al principio le caí mal “pinche vieja sabionda”, porque critiqué su escrito, que tanto le costó leer en voz alta. Lo que él no entendía era que lo hacía porque me gustaba muchísimo. Hoy ya sabe que es uno de mis escrito...