15 abril 2007

Dulces

Lentamente, intermitentemente o impetuosamente, una y otra vez el agua salada ha mojado mi rostro. Pocas y felices veces en los últimos años ha sido el mar. La mayoría de las veces han sido la tristeza, la rabia o la impotencia los motores del derrame.

Las estrellas de mi techo han sido testigos, pacientes, iluminando cada una de esas gotas de desaliento o desahogo. Ninguna ha abandonado. Son estrellas con esperanza porque alguna vez vieron otro tipo de llanto.

Yo había olvidado que el amor no sólo te causa dolor o angustia. Había olvidado que una sonrisa se te puede pegar a la cara al margen de tu voluntad y había olvidado que con la salida del sol también pueden salir tus propios colores.

Hoy las estrellas han recibido un regalo, un premio a su compañía y a sus rayitos de luz en la oscuridad. Tú y la suavidad de tus manos han estado junto a ellas y junto a mi piel, brillando. Hoy mi memoria a despertado a un viejo recuerdo. He descubierto, como una niña pequeña, que en una explosión de felicidad también se puede llorar. Y esas lágrimas han resultado ser dulces.

4 comentarios:

  1. Gracias Lulú por regalarnos estos textos. No dejo de leerlos aunque no deje comentario muchas veces... La suerte es para estas estrellas por poder acompañarte tanto tiempo y tantas horas. Muchos besos... se te quiere...

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  2. Anónimo5:02 p.m.

    LI.

    Te fijais y yo que pensé que ya se te había pasado un pelo lo de la blogueadera y es que ahora estais por aquí..Pues me alegro por mi, por mis ojos, por mi mente y mi corazón porque de nuevo están expuestos a tu pluma...
    Un beso

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  3. la falta de costumbre de recibir amor - del que es puro sin aditivos, como la miel pero sin las abejas -... en fin la costumbre de bucear entre las propias aguas saladas o simplemente habitar en la nada y el silencio se nos convierte en vicio... hasta que irrumpen unos labios que besan sin temor a beberse por el camino algunas de esas gotas... y llega un silencio nuevo; no ya el de no tener con quien hablar sino el de no querer hablar (con palabras, al menos)...

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