El señor Jorge
En una de las varias vidas que componen mi existencia, me vi un buen día sirviendo mesas. No fue cuando era estudiante para buscarme un dinerito extra. Fue cuando me quedé “sin papeles”. Es curioso como un pedazo de cartón (o la falta de él) puede darte la vuelta como a un calcetín. Cuando en la tele hablaban de “inmigrante irregular” se referían a mí. Por lo tanto, más me valía guardar los títulos en la parte alta del armario, arremangarme y hacer algo para pagar el alquiler. Pero en esa época yo era tan inútil que solo sabía de mi profesión. Era incapaz de abrir una botella de vino o tirar una caña. Por eso mentí para que me dieran un trabajo como camarera. Era un restaurante asiático, propiedad de un chef americano. Él necesitaba un extra que hablara inglés para ayudar al encargado los fines de semana. Y yo me inventé un CV precioso, lleno de experiencia en restauración. El encargado no necesitó más de diez minutos para darse cuenta de mi total desconocimiento del ...