La casa de Raimundita
Cuando finalmente sus padres se marcharon al infierno y ella logró salir, el lugar le pareció un museo. Pobre Raimundita, hija de dos hermanos que no pudieron soportar la “casti convivere” y la emparedaron al nacer. Pasó años tratando de comunicarse con el mundo a través de los muros. Susurrando y haciendo parpadear las velas. Hoy el Palacio de Linares de Madrid, su casa, tiene la puerta principal abierta y una especie de paje controlando la entrada a visitantes de extrañas vestimentas. Fuera hay banderas de colores y unas letras doradas ancladas en la verja. Pero Raimundita no sabe leer. #microcuentos